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Año 2016 - Edición Nº 03
 
 
 
Internacional
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Kon Tiki 2: resiste travesías oceánicas
 
 
 
 
Por: Annemarie Balde L.
Turismo en Chile y el Mundo
www.ablturismo.com – Chile
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Científico de Kon Tiki 2: expedición confirma que rústicas balsas resisten travesías oceánicas. Tripulante mexicano contó que la lenta navegación, a causa del errático patrón de vientos, los obligó a racionar los víveres.

SOLEDAD NEIRA y MAURICIO SILVA

No fue la rompiente costera al arribar a la isla en medio del Pacífico, como la que en 1947 arrojó contra los arrecifes del archipiélago Tamuotu la balsa “Kon Tiki”, del noruego Tohr Heyerdahl. Tampoco los daños que la lluvia y gusanos marinos causaron en la totora y cuerdas que daban forma a las barcas de juncos “Mata Rangi” (1997) y “Mata Rangi II” (1999), de Kitín Muñoz, al navegar por ese océano.

La principal dificultad que enfrentó la expedición Kon Tiki 2 y que la llevó a abortar la travesía cuando aún le faltaban 950 millas marinas para llegar a destino fue el viento. O su ausencia. O el patrón impredecible, errático, a causa del fenómeno El Niño.

“Recorrimos muchas millas, pero no en la dirección correcta”, cuenta a bordo del mercante “Hokuetsu Ushaka”, que lo trae de regreso al continente junto a sus 13 compañeros de aventura, el jefe científico de esta expedición, el mexicano Pedro de la Torre. “Deberíamos haber recorrido 2 mil millas directo (entre Isla de Pascua y Valparaíso). Y las anduvimos, pero en dirección oeste y hacia el sur”, agrega.

Al zarpar, el 5 de enero, desde Rapa Nui, la provisión de víveres en las balsas “Tupac Yupanqui” y “Rahiti Tane” estaba planificada para dos meses. Pero ya habían superado el plazo sin cubrir ni un tercio del recorrido total. Con muchas dificultades habían logrado posicionarse en la latitud 40º Sur, en donde la corriente lleva hacia el oeste.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El mayor reto era manejar las emociones
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La primera medida fue administrar los recursos, racionando el agua, y tuvieron que pescar. Los tripulantes se turnaban en esta tarea, y hasta los más inexpertos, como el ruso Andrey Chesnokov, terminaron capturando presas. Las cuerdas actuaban como acueductos para recolectar el agua de la lluvia.

Otra de las dificultades fue la larga convivencia de siete personas de diversas edades y de ambos sexos en 102 m {+2} de troncos atados. Solo la choza central permitía protegerse del agua y del viento.

“El mayor reto era manejar las emociones”, dijo De la Torre. La lectura, el cubo Rubik, la cocina o ejercicios contra molestias en la espalda eran las actividades escogidas. También las mediciones científicas sobre parámetros del calentamiento global y contaminación del mar. Y reparar los daños que olas de 10 metros, en un episodio de marejadas, causaron en las embarcaciones.

Con todo, “al momento del rescate las balsas estaban íntegras, no estaban desarmándose”, recalca el mexicano, demostrando que estas rústicas embarcaciones, con la tecnología precolombina disponible, pudieron realizar estas travesías antes de la llegada de los europeos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El objetivo del viaje era emular la travesía de Heyerdahl, quien unió Perú con la Polinesia
 
 
 
 
 
 
 
 
 

4.500 millas náuticas recorrieron desde el Callao (Perú) los 13 expedicionarios antes de abortar la travesía que realizaban en las peligrosas aguas del Pacífico Sur.

16 millas náuticas por día estaban recorriendo las balsas, pero necesitaban triplicar esa velocidad para llegar a su destino antes de que se les acabaran las provisiones.

44 árboles   de balsa fueron talados para hacer las dos naves que, aparte de los expedicionarios, transportaban equipamiento científico, agua y víveres para tres meses.

Otras expediciones en balsa entre la Polinesia y la costa de América Varias expediciones han buscado probar teorías de contactos transoceánicos entre Sudamérica y la Polinesia. El pionero fue Thor Heyerdahl, quien en 1947, a bordo de la Kon Tiki, una embarcación de una vela y 9 troncos de 12 metros de largo promedio, en un viaje de 101 días, unió Perú con las islas Tuamotu, en la Polinesia.

En octubre de 1980, la balsa Yasei-go III, copiada de un modelo de barro hallado en una antigua tumba japonesa, llegó a Arica comandada por el capitán Haruki Kadokawa, a cinco meses de zarpar desde territorio japonés.

En 1988 y 1997 lo intentó el español Kitín Muñoz con las Mata Rangi I y II, balsas de juncos que sucumbieron, una a la fuerza del oleaje y la otra a la acción de los gusanos marinos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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