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Año 2014 - Edición Nº 09
 
 
 
Nacional
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La misteriosa foto de Alfaro y el ferrocarril
más difícil del mundo
 
 
 
 
A la caza de una historia fotográfica que no contamos a los turistas
 
 
 
 
Por: Lcda. Mónica Carriel Gómez
Fotos: Cortesía Archivo Histórico del Ecuador e Internet
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Agradecimiento especial a Guiomar Avilés e Irene Márquez de la Plata de Jijón y a todos los descendientes Alfaristas, por cuyas venas palpita la guerrera sangre del “Viejo luchador”.

A “Ferrocarriles del Ecuador” y al “Centro Cultural Ciudad Alfaro” en la persona de su Pdta. Máster Tatiana Hidrovo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Locomotora 7 que reposa en Ciudad Alfaro, Montecristi, Manabí.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Hace poco Lonely Planet consideró al tren crucero ecuatoriano como el cuarto mejor viaje en tren del mundo. Los premios y reconocimientos mundiasles tras su inauguración, en junio del 2013, no han cesado. Han sido publicado con elogios por los principales medios especializados en temas de turismo y aventura y ha ganado cuanto premio se le ha puesto delante, incluido el premio Wider World Project, (Mejor Producto Turístico del Mundo), otorgado por la British Guild of Travel Writers, (Asociación Británica de Escritores de Turismo). Sin embargo, aun existen detalles desconocidos sobre el tren, sus principales actores y su historia y esta investigación puede llevarnos a contar mucho mejor la historia del ferrocarril más difícil del mundo a los miles de turistas que se embarcan a diario en esta maravilla del Ecuador.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Dicen que una imagen habla más que mil palabras… Lastimosamente, no siempre las imágenes dicen todo lo que necesitamos saber de ellas. La investigación que dio inicio a este reportaje empezó con esta foto… Una de las más conocidas con respecto a Eloy Alfaro y el ferrocarril trasandino.

¿Qué podíamos averiguar de ella a simple vista? Mucho y nada a la vez. Vemos al General Eloy Alfaro Delgado, acompañado de su comitiva, a bordo de un vagón de tren atravesando un lugar no determinado de los andes ecuatorianos. El resto es un enigma… Un acertijo histórico que trataríamos de dilucidar.

Primero lo primero… Definitivamente si del “Viejo luchador” se trata, el Centro Cultural Ciudad Alfaro, ubicado en Montecristi, Provincia de Manabí, era parada obligatoria, pero la descripción de la gráfica aportó en realidad con muy pocos detalles.

En ella se lee: “Ambato 1908. En primer plano un vagón de ferrocarril en el que se encuentra el General Alfaro junto a dos personas más en la inauguración del ferrocarril en la ciudad. Junto al vagón, hay un grupo de nueve personas entre las que se ve un niño. Al fondo, montañas”.

Es verdad, no es tan clara, sin embargo nos da dos elementos importantes en la investigación: el lugar y la fecha, “Ambato 1908… En la inauguración del ferrocarril en la ciudad”. No se está hablando de la inauguración en la ciudad de Ambato donde el tren llegó en 1906, sino de su llegada a Quito que se dio el 25 de junio de 1908 con la comitiva presidencial a bordo. Llegar de Ambato a Quito hoy toma a un carro particular sólo dos horas y a uno de transporte público dos horas y media, así que bien pudo haber salido la comitiva desde Ambato ese 25 de junio para hacer la entrada triunfal de la magna obra de Alfaro ese mismo día en Quito. ¿Pero quiénes estaban junto al Presidente en esa foto? Pensamos que lo que no podían decirnos los expertos quizá los descendientes del General si podrían aclararnos.

Irene Márquez de la Plata de Jijón es tataranieta del General Alfaro y además de ser la “Comandante de la Alfarada”, situación que explicaremos más adelante, ha investigado mucho la historia de su familia de la que ha escrito libros y cuyos recuerdos guarda muy bien, conocedora y orgullosa de la sangre que corre por sus venas. Ella no tiene dudas sobre la identidad de quién se ubica a la diestra de su tatarabuelo en esa foto: “Aquí está Pedro J. Montero, su más leal colaborador, quien daba su vida por el General Alfaro, al punto de comer los alimentos antes de que el General Alfaro los comiera porque ya en Panamá, en una oportunidad, habían intentado matarlo con unos dulces envenenados. Gracias a Dios, uno de los dulces se cayó y un perro se lo comió y se murió. Por eso Montero comía primero del plato del General. Era el hombre más fiel que el General pudo tener”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
El Gral. Alfaro junto al supuesto Gral. Montero.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Sin duda alguna, si tomamos cualquiera de las fotografías del famoso Montonero apodado “El tigre del Bulu Bulu” que circulan en libros de historia y en la red, encontramos entre su rostro y el del hombre que aparece ubicado a la derecha del General Alfaro, un enorme parecido. Por otro lado su actitud es también reveladora, Montero era amigo entrañable de Alfaro, el único quizá con la suficiente confianza como para conservar una distancia tan corta al Presidente, casi tocando con su cuerpo el costado del gran hombre.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Pedro J. Montero “El tigre del Bulu Bulu”.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Libros como “La Hoguera Bárbara” de Alfredo Pareja Diezcanseco, en su pagina 183, relatan también la hermandad entre estos dos personajes: “Llamaba a Montero, ya General de la República y le decía: “Pedro, ven a hacerme el suero salado.” El General Montero con su ancha risa montubia, quitábase la casaca del uniforme, vestía el delantal anudado a la cintura, retiraba uno a uno los anillos de sus gruesos dedos y los entregaba a Esmeralda, entonces en Quito… “Que me los tenga la niña”.

Con sus manos hacía la sabrosa cuajada tierna y luego la sobaba y sobaba para que el suero quedase listo. Amasaba el bolón de plátano verde, relleno con chicharrones. Y cómicamente se cuadraba… “Están cumplidas sus órdenes mi General”. Otra vez con los galones, se ponía a la mesa, orgulloso de sentarse junto al viejo caudillo de los tiempos heroicos”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Gral. Pedro J. Montero en la plenitud de sus días militares.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La identidad de este personaje no nos la puede corroborar la historia, pero si la presunción lógica. Quizá lo último que decir con respecto a esta amistad sea que cuatro años después, de haberse tomado la foto objeto de nuestro estudio, para cumplir con el objetivo de matar a Alfaro, hubo primero que deshacerse de Montero, porque de otra forma, la Hoguera Bárbara no hubiese ardido jamás.

Ahora fijemos nuestra atención en otro de los personajes de esta fotografía.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
El Gral. Alfaro junto a un extraño caballero vestido a la moda europea.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

A la izquierda del Presidente un caballero vestido a la europea, con traje y bombín, de bigote, alto y pasados los cincuenta que sostiene un gran libro o algo que parecieran ser planos. Identificarlo… ¡Un reto!

No nos imaginamos jamás que en la propia Ciudad Alfaro hallaríamos la respuesta. Wellington, uno de los guías, tuvo una experiencia hacía algún tiempo con los descendientes de un ingeniero italiano llamado Pietro Sandretti, que buscando rastros de su ancestro, viajaron hasta el museo de Montecristi en donde encontraron “nuestra” foto, ampliada en una pared, pero lastimosamente aunque Pietro estaba en ella, nadie sabía quien era y el importante papel que había representado para el tren. “Me dijeron que eran los tataranietos de ese ingeniero quien después de terminarse la obra se quedó en Ecuador estableciéndose en Alausí, casándose con una dama llamada Zoila de donde descendían ellos”.

Lastimosamente no pudimos hallar a aquellos descendientes, así que no nos queda más que confiar en la palabra honesta de nuestro amigo el guía.

Montero y Sandretti, el montonero y el ingeniero italiano, ¿serían todos los que estaban en el vagón ese día? Se adivinan cuerpos dentro que no salen en la foto, pero que formaban, sin duda, parte de la comitiva que acompañó al Presidente ese día, entre ellos Doña Ana Paredes, esposa y primera dama de la nación; la hija del General, América Alfaro Paredes, encargada de poner el clavo de oro cuando el tren finalmente llegó a Chimbacalle; Gerónimo Avilés, yerno del General Alfaro, esposo de su hija Esmeralda; el Ministro de Hacienda del régimen, Amalio Puga; el General Francisco Hipólito Moncayo y demás comitiva. Esto lo sabemos en base a narraciones del día glorioso en que al fin, después de años de pesares y de soportar injurias y acusaciones, el ferrocarril hizo su entrada triunfal en Quito, descripciones que hicieron historiadores y periodistas contemporáneos a los hechos, cercanos y contrarios al gobierno de la época.

Ya sabemos mucho de los que estaban arriba, pero ¿qué hay de los que estaban abajo del vagón?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Grupo de siete personas ubicadas abajo del vagón del tren No. 8.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Se observa pueblo que ansiosos querían retratarse junto al ferrocarril, negros, mestizos y hasta un niño. De muchos jamás sabremos nada, pero entre ellos, medio borroso, aparece llevándose la mano a la boca, a lo mejor fumando su pipa característica, el norteamericano Archer Harman, financista del ferrocarril y quien secundó a Alfaro en la autoría intelectual de la vía, también fiel amigo del Presidente.

Pero ¿qué tan importante fue este hombre para el ferrocarril? Según la Master Tatiana Hidrovo, Presidenta de Ciudad Alfaro, la figura de Archer fue vital para la ejecución de la obra. “Si, este es uno de los personajes más importantes, obviamente, él representa a una de las empresas norteamericanas que ejecuta la obra del ferrocarril y que además en esa lucha que para la técnica de la época era un desafío, va tejiendo una amistad con el General Alfaro... Y comienza a entender además todos los intereses que estaban alrededor de esta obra y de quienes no querían que se realice”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ampliación de posible rostro de Archer Harman.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Harman creyó tanto en la obra que trajo a sus propios suegro y hermano, también ingenieros, a trabajar en ella. Tanto su padre político como el Mayor John Harman, graduado en West Point, encontraron la muerte mucho antes de ese día glorioso, como cientos más. Para Irene Márquez de la Plata de Jijón, no hay duda de que este es el ingeniero norteamericano. “Aquí tenemos a Archer Harman, el financista de la obra del ferrocarril del sur.”

Adivinamos en el rostro de Archer una sonrisa y un gesto de orgullo, estaba feliz, no sólo por la culminación de la difícil obra que terminó uniendo Guayas, Cañar, Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi y Pichincha, 447 kilómetros en total, sino además, porque la Guayaquil and Quito Railway Company fundada por él, había logrado ascender 800 metros en zig zag para llegar con las paralelas a la “Nariz del Diablo”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ing. Archer Harman.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Sin embargo, los argumentos en base a presunciones y a las comparaciones de los rostros, por más lógicas que estas sean, a los estudiosos históricos no los convencen. La Máster Tatiana Hidrovo es una de ellas: “Pero no hay una confirmación, lo que se llama una investigación, una curaduría, que pueda demostrar que realmente estos son los personajes que están ahí”. Por supuesto, hay cosas que para comprobarlas no hace falta más que someterlas al criterio del “ojo por ciento” y como en el caso de Montero, el supuesto rostro de Harman que aparece en la foto y el de las gráficas suyas encontradas en la red, se parecen mucho, demasiado como para ser sólo un simple parecido.

Ahora nuestra mirada se dirige al personaje más importante y la única identidad de la que nadie duda en la foto… El presidente Eloy Alfaro Delgado.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Detalle de la foto en que se muestra al Pdte. Eloy Alfaro Delgado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

“Mi sueño, mi delirio se concentran en esta sóla palabra… Ferrocarril”.
Eloy Alfaro

El día de su cumpleaños número 66, Alfaro inauguraba la obra que tantos conflictos le había causado, la responsable de calumnias e injurias sobre su inmaculado apellido, la que había traído consigo la ira de sus detractores y que ahora silentes veían la culminación del trabajo de años como una amenaza política más. Alfaro tenía sobrados motivos para estar feliz aquel día, pero la foto no demuestra su alegría, al contrario, la preocupación enturbia su imagen. ¿Guardaba el Presidente una escondida preocupación que se convirtió durante mucho tiempo en un secreto sólo conocido íntimamente por su familia? Guiomar Avilés, nieta del general y su sobrina Irene Márquez de la Plata, nos sacan de la duda. Guiomar: “Mi abuela, (Esmeralda), estaba en sus últimos días de gestación en Quito y todo el mundo decía que si ella se venía a Guayaquil podía perder el niño y que podía tener problemas... Ella tenía miedo, pero el General le dijo que vaya con tranquilidad, que llegaría bien, que iba a tener un varón y que él lo haría Comandante.”

Pero en esos días, sin ferrocarril aun, los viajes de Quito a Guayaquil eran toda una odisea. Tan peligroso era que los viajeros incluso hacían testamento antes de emprender el peregrinaje. Experimentar contratiempos en medio del viaje que duraba 15 días en verano, era completamente normal. Según sus descendientes, el viaje de Esmeralda, embarazada en sus últimos meses, no estuvo exento de problemas. Guiomar: “En el trayecto de Quito a Guayaquil, hubo un derrumbe y su vida y la de mi padre corrieron peligro”. Si Alfaro sabía de lo riesgoso del viaje, ¿por qué insistió tanto en que Esmeralda debía parir en Guayaquil? Irene: “Decía que el triunfo de la Revolución Liberal se lo debía al pueblo guayaquileño. Fue una forma de rendir honor a Guayaquil haciendo que su nieto primogénito sea guayaquileño porque hasta ese momento todos sus hijos habían nacido en Panamá. Así nació mi abuelo Comandante el 21 de junio de 1908, apenas 4 días antes de la inauguración del ferrocarril... En esa foto el General Alfaro estaba preocupado y ansioso por ver a su hija y a su primogénito nieto.” Y con esa estampa de preocupación, sintiéndose quizá un poco culpable de las vicisitudes que debió pasar su hija debido a su decisión, aparece Alfaro en todas las fotos tomadas ese día.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El Gral. Alfaro junto a Dona Ana y su hija América el día de la inauguración.   El Gral. Alfaro, Harman y comitiva.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Pero esta preocupación no era lo único que lo atormentaba. Pareja termina el cuarto capítulo de “La Hoguera Bárbara” hablando sobre la lejanía presidencial de ese día después de que la fiesta de Chimbacalle apagó sus luces… “Cargadas las espaldas, la perilla clavada contra el pecho, paso a paso cortito, tristemente se perdió por los salones del palacio”.

Irene, su tataranieta, también opina con respecto a la tristeza presidencial de aquellos días: “Tenía muchos adversarios. Al ferrocarril lo llegaron a llamar “El ferrocarril del diablo.” El General sabía que el éxito no se perdona fácilmente y peor viniendo de sus enemigos y adversarios... Días duros venían.”

Más adelante en “La Hoguera Bárbara” refuerza Pareja el criterio de los descendientes del General sobre los pensamientos de muerte que lo preocupaban: “En el silencio de la noche, se deslizaba por las habitaciones, arrastrando los pies y pensando en la muerte. Largas horas tristes permanecía frente a sus propios misterios no esclarecidos. Quedó encorvado como un sirgador, abiertas las espaldas y el cuello vencido”.

Las preocupaciones sumaban demasiado peso en su espíritu y quizá por ello, nada aligeró su carga ese día, ni siquiera la carta de felicitación que remitió el Gobierno Norteamericano firmada por el propio Presidente Franklin Delano Roosvelt en donde felicitaba al gobierno y al Presidente Alfaro por la obra. Era el final de su descrédito y de las habladurías de sus detractores que durante el tiempo que duró la construcción dijeron mil cosas en su contra, desde que estaba loco hasta que era ladrón y ahora por fin podrían embarcarse en un viajecito del tren trasandino para ver contra quien levantaban la lengua la próxima vez que temerariamente quisieran exhalar su veneno. A pesar de eso, nada lo hizo sonreír ese 25 de junio de 1908, ni pensar concienzudamente que su ferrocarril era el más difícil del mundo y el más barato con relación a otras obras emprendidas antes en Argentina, Perú y Costa Rica y que podía probarlo, como finalmente lo hizo, dejando estampada en la historia su firma de impecable hombre recto y pulcro.

Dejemos a los personajes por un instante y fijemos nuestros ojos en el entorno que se vivía dentro del tren en ese viaje inaugural. Para saberlo, volvemos a recurrir a los archivos de Irene Márquez de la Plata. Entre todos sus tesoros familiares, ella conserva con especial devoción, una carta escrita por Don Jerónimo Avilés, esposo de Esmeralda, yerno del General y padre del pequeño Comandante de apenas 4 días de nacido. La misiva, escrita a manera de parte, describe el sentimiento patriótico que se vivía a bordo del tren ese día, como había amanecido el cielo y hasta las notas que flotaban en el aire:

“En cumplimiento de mi deber paso a usted el parte respectivo de los acontecimientos de la mañana de hoy 25 de junio de 1908, día glorioso para la patria, como también para su querido abuelito que con fe inquebrantable ha dado cima a la gran obra redentora del progreso ecuatoriano… La mañana se presentó despejada haciendo ver el cielo su firme color azul en honor del hombre que pasamos por dos generaciones de paso de vencedor y con la tea de la civilización encendida ha dado el triunfo definitivo para el progreso de la tan cara patria”.

Y continúa la carta describiendo la ciudad, los sentimientos de alborozo de la gente y el entorno de fiesta que se vivía en Quito ese día hasta que la multitud de fiesta, en desfile popular, dejó a la comitiva en el Palacio de Carondelet e incluso hace alusión a que en el suave viento de triunfo que soplaba tenue ese día, viajaban las notas de “Al oriente paso de vencedores”, himno escrito por José Luces, expresamente para el General Alfaro.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Multitud esperando el arribo de la locomotora 8 a la Estación de Chimbacalle.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El ambiente de Chimbacalle no era menos festivo. Al respecto Pareja escribe: “El 25 de junio de 1908 –día de su cumpleaños–, Alfaro, asistió a la fiesta de Chimbacalle. El ferrocarril llegaba a Quito. El pueblo corrió alborozado a la estación final. Hubo petardos, discursos, camaretas, campanas, banderines... Las bandas militares rompieron los aires con el Himno Nacional. Los ponchos se movieron como una inmensa, como una suave marea de colores, se acercó la máquina embanderada y con palmas, repiqueteando como las campanillas en las procesiones de noche buena. Partió recto el pito agudo; una columna de humo se irguió, delgada y ágil, hasta romperse en un juego de aros blancos”.

Al llegar el tren a la estación en Quito, Pareja escribe: “Su hija América puso el último clavo, hecho de oro macizo. Alfaro y Harman se dieron la mano y la multitud lanzó vítores al viejo luchador y al rubio empresario de brillantes espejuelos. El pueblo siguió la fiesta. La chicha agridulce y el puro de caña les hizo bailar y cantar. El picante de cerdo con mote, las empanadas de morocho, los cuyes asados, las choclotandas y el llapingacho... Los pregones lloriqueantes arrastraban mansas lenguas de súplica, mientras la tarde se cubría de llovizna gris. Todo aquel día las campanas de las iglesias repicaron, plata y bronce ligados. Un simulacro de batalla libró el ejército en los aledaños de Quito. El Municipio ordenó crear la parroquia Alfaro en el barrio Chimbacalle. Y en el Congreso, se ofreció el homenaje oficial al General Presidente, entregándole numerosos regalos conmemorativos de aquel acontecimiento nacional”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
La locomotora 8 embanderada apunto de entrar en Chimbacalle el 25 de junio de 1908.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El lugar donde fue tomada la foto es otra incógnita. ¿En qué punto exacto, en los 447 kilómetros de vía férrea, podría haberse tomado esta gráfica?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
¿Corresponde en realidad el paisaje de esta fotografía a las estribaciones de los Andes?
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Para muchos estudiosos, ésta que se ve en el fondo, podría ser la desafiante elevación conocida como “La nariz del diablo”. Pero ¿cómo lograron los ingenieros vencer al coloso? La Máster Tatiana Hidrovo, estudiosa de la vida de Alfaro y del ferrocarril, nos explica: “Atravesar Los Andes no sólo significaba subir, sino además, en algún momento poder doblarse, pero la estructura del tren no permite eso... Las únicas maneras eran: O hacer un gran túnel, que era imposible porque era muy costoso, o inventar una manera en la cual el tren pudiera avanzar sin que se plegara sobre si mismo, y para pasar al otro lado tiene que bajar de retro... Eso solamente ocurre en el Ecuador”.

¿De quién fue la fantástica idea? Irene tiene la respuesta: “Y John Harman fue el que ideo el zig zag... Para romper la dificultad de atravesar la nariz, es por eso que es el ferrocarril mas difícil del mundo”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ing. John Harman.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Trazado de las vías en “La nariz del Diablo”.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Si bien jamás podremos saber si es o no exactamente la nariz, la geografía de la zona es bastante parecida y se conserva hoy tal cual como en 1908. Para comprobarlo no hay más que subir al tren en la estación de Alausí, bajar hasta Sibambe y volver a subir, sólo entonces podrá usted verlo con sus propios ojos.

Las paralelas, sembradas a lo largo de 447 kilómetros entre Guayaquil y Quito, fueron instaladas por obreros de todas partes del país, más 4.000 jamaiquinos que llegaron bajo promesa de buen sueldo y de ser participes de la más grande obra de ingeniería en la construcción de ferrocarriles. Sin embargo muchos de ellos, hay quien dice que una cifra cercana a la mitad, murieron víctimas de una extraña fiebre causada por unos bichos que caían de los árboles cercanos y cuyos cadáveres fueron enterrados muchas veces al margen de los rieles. Muchos de los que sobrevivieron se quedaron viviendo cerca de los campamentos y hoy, sus descendientes, cuentan una y mil veces la historia de sacrificio de sus abuelos al construir las vías del tren.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Grupo de trabajadores picando la montaña para colocar las vías del tren.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Con respecto a la fotografía y a su autor sólo hay una posibilidad por citar… Hace algunos años, Elizabeth Harman Brainard y Katherine Robinson Brainard, descendientes de Archer Harman, en su libro “Ferrocarril en el Cielo”, contaron sobre el descubrimiento que hicieron sorpresivamente cuando a punto de vender una casa antigua encontraron, por casualidad, catorce baúles con documentos y fotos recopilados por su padre y su tío John, concernientes al sacrificado ferrocarril del Ecuador y a su construcción. Ellas relatan en dicha obra que Archer contrató un fotógrafo oficial para registrar cada avance de la obra y reportar al gobierno. Ese fotógrafo fue John Horgan. El gobierno a su vez enviaba las fotos a los medios y estos reproducían los avances como esperanzas de que la unión definitiva de costa y sierra avanzara. Si esto es cierto, fue Horgan el autor de la mayoría de gráficas que aparecen por todos lados con respecto al tren y a Alfaro. Lamentablemente confirmación, no existe.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Presidente Alfaro y su comitiva atravesando “La Nariz del Diablo”.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El ferrocarril, último asunto que nos queda por dilucidar. La que llegó a Chimbacalle ese día 25 de junio fue la locomotora 08 a vapor conducida por Arturo Munízaga. Según los registros de la compañía, la máquina fue fabricada en 1901 por la Baldwin Locomotive Works y habría sido adquirida en una feria industrial en Agosto de 1907, llegando al país a inicios de 1908, por ello su número: 08.

El Ing. Estrada, de Ferrocarriles del Ecuador, nos explica el funcionamiento de la locomotora, con una muy parecida que actualmente reposa en los talleres de Durán, esperando ser puesta nuevamente en funcionamiento: “Bueno, básicamente una locomotora de esa época funcionaba con vapor, el agua hierve y pone en funcionamiento los pistones que la echan a andar... Para el fuego se usaba carbón. En llano alcanzaba una velocidad de 35 kph y eran operadas por dos personas: el maquinista y el fogonero, los cuales tenían mucha experiencia en el funcionamiento. Esta, la 18, al igual que la 08, fueron fabricadas en Filadelfia, Estados Unidos. La compañía es Baldwin”.

Tratamos de rastrear el paradero de la locomotora 08 y el único que nos entregó luces al respecto fue Guido Jaramillo, Presidente de la “Hermandad de Ferroviarios Jubilados”, con base en Chimbacalle: “Esa máquina se desmanteló para servir de repuesto a otras en mejor estado y lo que quedó de ella forma parte del “Monumento al Tren”, ubicado en la calle Ferroviaria en la ciudad de Machala, capital de la Provincia de El Oro”.

Nos queda por aclarar otro aspecto de la foto que de pronto podrá parecer menos importante, pero que forma también parte de nuestra investigación: la moda.“Bueno digamos que ese no es el traje más común en Alfaro... Si sacamos las cuentas desde 1864 hasta el día en que asumió el poder, estuvo en batallas constantes. Entonces usaba su uniforme o ropa holgada que le permitiera mantenerse varios días en el campamento... Sin embargo, cuando ya fue mandatario, cambió su vestuario por uno mas acorde a su cargo”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
El Gral. Alfaro en campaña.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El pdte. Alfaro con atuendo de gala.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
“En la foto se lo ve en una edad intermedia bastante interesante... Como siempre el General muy bajito, muy chiquito, media alrededor de 1.55. Usaba taquito, en algunas fotos el aparece con sus botas de varón pero con un poquito de taco, más bajo que el de Doña Ana. Mucho más bajo se lo ve ahí junto a estos dos personajes más altos, vistiendo su traje de gala de larga levita y sombrero alto con leontina”. (Máster Tatiana Hidrovo, Pdta. Ciudad Alfaro).
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Detalle del Presidente Alfaro en la foto objeto de nuestra investigación.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Ya dilucidados todos los detalles sobre la foto del Gral. Alfaro en el ferrocarril, ¿podría quedar alguna última lectura que hacer de la gráfica? Quizá lo que para todo ecuatoriano debería representar esta foto. “La voluntad de luchar por el país. Ese espíritu de crear este estado nacional tan singular, tan diverso y tan pequeño pero al mismo tiempo con características tan propias que hoy nos hace sentir tan orgullosos de lo que somos. Cuando vemos jugar a nuestra Selección por ejemplo. Son cosas que probablemente no tendrían nada que ver, pero eso es Ecuador”.(Máster Tatiana Hidrovo, Pdta. Ciudad Alfaro).

“Sin duda alguna el tren fue una gran obra y esta foto simboliza no el ferrocarril sino la unión del país, el sueño del General, pero su obra más importante no fue el tren sino la Revolución Liberal”. (Irene Márquez de la Plata de Jijón, tataranieta del Gral. Alfaro).

Eloy Alfaro conoció finalmente a su nieto Comandante, quien solo conservó el rango dentro de la familia porque jamás fue militar, e incluso llegó a conocer a otros descendientes de su ilustre generación antes de morir. Hoy los herederos que viven en el Ecuador se hacen llamar “La Comandancia” y los que viven en Panamá constituyen “La Alfarada”. Tal como fue el deseo de sus ancestros, procuran cultivar el amor familiar y la unión que les fue inculcada desde siempre.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Don Eloy Alfaro sentado entre Doña Ana, su esposa, y su hija Esmeralda. En sus piernas el pequeño Comandante Jerónimo Eloy Avilés Alfaro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Como epitafio podríamos decir que varios años después Montero fue asesinado y arrastrado y que Archer Harman falleció a consecuencia del golpe que sufrió al caerse de “Ecuador”, el caballo favorito que tenía en su rancho de California. En Enero de 1913, el General Alfaro, en calidad de detenido, fue trasladado a Quito usando como transporte la locomotora. En la cárcel fue asesinado y arrastrado vil y cruelmente. Día nefasto para el país y para el liberalismo, pero esos acontecimientos, registrados también en fotografías, corresponden a una futura investigación.

En el archivo fotográfico del Banco Central del Ecuador existen más de ocho mil imágenes, muchas de ellas guardan historias que aun nadie ha descubierto.

Estos hechos no contados de nuestro país aun esta por investigarse y escribirse y este trabajo es prueba de que sólo hace falta paciencia y buena voluntad para buscar y revelar este Ecuador oculto. Gracias a Dios hoy, libres del miedo que nos encadenaba, podemos contar esta verdad.

“Nada soy, nada valgo, nada pretendo, nada quiero para mi, todo para vosotros, que sois el pueblo que se ha hecho digno de ser libre.”

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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