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Edición Nº 01 - Enero 2013
 
 
 
Nacional
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Toxina botulínica crea esperanzas en pacientes del Centro de Equinoterapia de la Prefectura
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Sus historias son diferentes, pero su anhelo es el mismo: llevar una vida normal, lo más que se pueda. Ellos son Rubén, Kevin y Mauricio, tres de los cientos de pacientes que tiene el Centro Integral de Equinoterapia de la Prefectura del Guayas, y quienes ahora encuentran una gran esperanza en el uso de la toxina botulínica, como parte del programa “Caminando juntos”.

La técnica es utilizada desde el 18 de junio en el Centro Integral de Equinoterapia, explica su director, el doctor Mauricio Barcos, gracias a un convenio con el Hospital del Niño “Francisco de Icaza Bustamante”, que lo regenta el Ministerio de Salud. La Prefectura se encarga de adquirir el medicamento, que es aplicado en los músculos rígidos para acelerar el proceso de recuperación.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Atilio Ruiz, de 29 años, juega con su hijo Rubén, de 12, minutos antes de que el menor recibiera control médico en el Centro Integral de Equinoterapia.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

En un centro privado, cada sesión puede llegar a costar entre 1.500 y 2.000 dólares, y los pacientes pueden requerir hasta cuatro sesiones. Pero en las instalaciones del Centro Integral de Equinoterapia los pacientes pueden acceder a ellas de manera gratuita. Los niños son derivados al pediátrico, porque, además, ingresan al Sistema Nacional de Salud y reciben beneficios adicionales como exámenes gratuitos y el uso del quirófano (requieren de anestesia general durante la aplicación).

“Nos dimos cuenta que para obviar muchos meses de tratamiento de la terapia física, se recurre mucho a la toxina botulínica, que sana rápidamente lo que demora 5 ó 6 meses en terapia física. Y al relajar a los pacientes se los mete en una rutina de ejercicios físicos que los hace recuperar más rápido”. El número de beneficiarios con esta técnica son 42 y los resultados son evidentes, informó el doctor Mauricio Barcos.

Rubén Quinto tiene 12 años y llegó al Centro Integral de Equinoterapia desde el recinto Tierra Blanca, de Salitre. Literalmente, el menor tiene que ser cargado por su padre, Atilio, para movilizarse. El sábado 19 de enero, el infante fue sometido a control por el doctor Jefferson Quiñónez, el traumatólogo ortopedista y neuroortopedista del hospital del Niño que está a cargo de inyectar a los pacientes junto con el doctor Mauricio Barcos y la doctora Patricia Morán.

“Él nunca nació bien. Tenía parálisis cerebral”, recuerda Atilio, mientras sostiene en sus brazos al mayor de sus hijos. De hecho, tuvo que esperar 12 años para escucharlo decir papá, porque no hablaba. Los cambios empezaron desde que lo ingresó al Centro Integral de Equinoterapia y se acentuaron en el último mes desde que le inyectaron la toxina. “Mi esperanza es que camine. Y mi esperanza sigue hasta el final, hasta que él camine… Si el tratamiento sigue de largo, yo seguiré de largo”.

Luego de un mes de haber recibido la toxina, Rubencito socializa mejor con sus tres hermanas menores, no bota la comida, se deja bañar y tiene mayor control de su cuerpo - excepto en la zona del cuello -, según constató el doctor Jefferson Quiñónez durante la evaluación.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Acompañado por su padre, Ignacio, Kevin Muñoz espera la inyección de la toxina botulínica mientras el doctor Mauricio Barcos, revisa la ficha médica.   La inyección con toxina botulínica es aplicada en la pierna derecha de Mauricio Chiquito por el doctor Jefferson Quiñónez.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Los movimientos involuntarios son las características que predominan entre quienes acceden a esta técnica. “Para los pacientes con parálisis cerebral, tortícolis y esclerosis, se emplea la toxina botulínica. Es una proteína que ayuda a producir una parálisis flácida del músculo, lo que nos permite que el paciente vaya adquiriendo ciertas habilidades… Muchos pueden llegar a caminar y otros disminuyen sus movimientos involuntarios. En pacientes muy pequeños nos ayuda a retrasar las intervenciones quirúrgicas. Lo cierto es que en todos los casos mejora la calidad de vida”, explicó Quiñónez.

Kevin Muñoz, de 17 años, y su hermano David, de 12, ya recibieron la primera sesión con toxina. Los dos tienen parálisis cerebral e ingresaron al Centro Integral de Equinoterapia hace mes y medio. El mayor –de contextura delgada, cabellos largos y una fortaleza que contrasta con su problema médico- es hincha de la Liga. Entiende lo que pasa a su alrededor, pero no habla. Su padre, Ignacio, no pierde las esperanzas. “Ha llevado una vida normal, come todo, no se me enferma, no he tenido que hospitalizarlo y su mente está al cien por ciento. Pero no me camina”.

La parálisis cerebral ha afectado la parte sicomotriz del menor, quien no tiene control de su cuerpo. Por ello, su padre da “gracias al Prefecto y al doctor Barcos por las terapias que reciben mis hijos. Mi esperanza es que ellos estén bien. Es cruda la realidad, pero es la verdad: va a haber una mejoría pero no al ciento por ciento. Pero Dios tiene la última palabra”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Un accidente de tránsito dejó en estado de coma hace tres años a Mauricio Chiquito, actualmente tiene 32. Ya ha recuperado movilidad en la pierna derecha.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Mauricio Chiquito, de 32 años, también recibió la primera sesión con toxina botulínica, acompañado por un grupo de familiares, entre ellos su esposa y su padre. Hasta hace tres años llevaba una vida normal. Pero un accidente de tránsito lo cambió todo. “Nos accidentamos en la Tanca Marengo. Él iba manejando… Un carro iba adelante y él se asustó, y en lugar de frenar en una curva, aceleró. Nos caímos cuatro metros y medio”, narró su esposa, Manuela Catahua, de 33.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El doctor Jefferson Quiñónez aplica la inyección con toxina botulínica a Kevin Muñoz. Atrás de ellos se observa a la doctora Patricia Morán.   Luego de que Kevin Muñoz recibió la inyección con toxina botulínica, los padres del menor preparan a su otro hijo, David, quien también tiene parálisis cerebral.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

A los tres meses, Manuela ya estaba curada, pero Mauricio, en coma. Y un nuevo accidente de tránsito, mientras lo cambiaban de casa asistencial, volvió a darle un giro a sus vidas. “Él se salió de la camilla y desde ahí abrió los ojos, pero solo hacía eso. Se alimentaba por sonda y respiraba por tubo; y nos dieron de alta porque los doctores decían que no daban fe de él (de su recuperación)… Me dijeron que hasta se iba a quedar en coma y eso es algo que no quiero recordar. Pero de ahí ha ido saliendo poco a poco”.

Hace cinco meses, Mauricio ingresó al Centro Integral de Equinoterapia y el cambio fue grande. Durante la entrevista, levantaba continuamente su pierna derecha para demostrar que ésta ha recuperado movilidad y, aunque ya habla, los nervios lo atacaron y no atinaba a pronunciar palabra que se entendiera. “En la casa, se sale del colchón, se quiere ir solito al baño, gateando, se baja mucho mejor de la cama y se mantiene mucho más tiempo parado en la ventana”, dice su esposa.

Cuando se le pregunta a Manuela qué es lo que quiere para su esposo, su voz se corta pero al final expresa “Quiero que él se valga por sí solo, yo sé que él lo puede lograr, gracias a los médicos y gracias a Dios vamos a salir de ésta”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Rubén y Ronald están venciendo sus limitaciones
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El primero de ellos no podía mover su cuerpo, pero un año después de llegar al Centro de Equinoterapia de la Prefectura, su vida cambió. El segundo de los pacientes era inactivo, pero ahora es muy activo.

Rubén Quinto Almeida, tiene 12 años de edad, pero no los demuestra. Pues, la Parálisis Cerebral Infantil (PCI) que padece ha mermado su cuerpo y hasta su capacidad para dominarlo a voluntad.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Rubén Quinto Almeida, de 12 años de edad, ha tenido importantes progresos en su salud tras las sesiones a caballo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Sin embargo, en enero del 2012 surgió una esperanza en su vida cuando llegó al Centro Integral de Equinoterapia (CIE) de la Prefectura del Guayas y empezó a recibir las sesiones de equinoterapia, que se realizan con caballos entrenados para uso terapéutico, así como hidroterapia y musicoterapia.

Desde entonces, sus familiares aseguran que ha tenido extraordinarios progresos. “Cuando llegó no podía mover sus manitos y le sudaban bastante, le costaba mucho estar recto. El cuello lo mantenía caído, no podía sentarse, pasaba doblado. Pero ahora ya abre las manos y comienza a sentarse en los colchones, parece que la columna se le está enderezando. Ya comienza a pararse…”, manifestó su madre Rocío Barzola con una sonrisa en su rostro.

Para esta mujer, ese progreso del primero de sus cuatro hijos es un milagro que ha sido posible a través de Dios y de la labor que realiza el Gobierno Provincial con su centro terapéutico, que está situado en el km 10,5 de la vía La Puntilla-Samborondón.

“Para nosotros es un regalo de Dios. El Centro de Equinoterapia le ha ayudado bastante a mi hijo y no nos cuesta nada, solo gastamos en los pasajes. Es una muy buena la labor la que está haciendo con esto la Prefectura…”, expresó Barzola, quien habita en el recinto Tierra Blanca, del cantón Salitre. Las esperanzas de un mejoramiento en la salud de Rubén aumentaron ahora que está siendo tratado con la toxina botulínica.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
El joven Ronald Pincay ha demostrado un extraordinario progreso en su salud.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Otro caso parecido de progreso en su estado de salud es el de Ronald Alejandro Pincay, de 18 años, quien tiene 71 por ciento de discapacidad intelectual.

Su padre, Bienvenido Pincay, asegura que cuando llegó al Centro Integral de Equinoterapia, en julio del 2011, era muy rígido, pasaba con la mano metida en su boca y era inactivo, pero, ahora ya hace deportes y se mantiene muy activo.

“Ahorita Ronald llega y sabe dónde tiene que ir, conoce a las chicas, aunque no habla, solo se comunica por señas, pero capta todo, es obediente, se le dice que haga algo y lo hace, imita lo que otros hacen…”, dice Bienvenido con una sonrisa en su rostro.

Ronald recibe terapias de equinoterapia, terapia ocupacional, psicopedagogía, bailoterapia y deportes. En cada sesión terapéutica su padre hace un alto a su trabajo como taxista informal y lo acompaña. Juega fútbol y domina el balón junto a él, entre otras cosas.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Bienvenido Pincay, padre de Ronald, es su compañero inseparable de entrenamiento y de terapias.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

“Es muy buena la evolución que ha tenido, antes no había estos centros con estas terapias, si hubiera comenzado desde pequeño ya estuviera más avanzado, pero nunca es tarde”.

Por todo ello, Bienvenido califica de “buenísima” la labor que realiza la Prefectura del Guayas, al mismo tiempo que da gracias al prefecto Jimmy Jairala por haberse acordado de las personas con capacidades especiales al crear el Centro Integral de Equinoterapia.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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