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Edición Nº 10 - Octubre 2012
 
 
 
Nacional
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Guayaquil colonial presentado en miniatura
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El fortín de La Planchada en 1624.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Con motivo de las fiestas octubrinas, en el Museo Nahín Isaías, de Guayaquil, se están exhibiendo unas maquetas que recogen parte de la historia de la urbe huancavilca durante el período colonial, época en la que la ciudad fue objeto de varios ataques de piratas, básicamente soldados holandeses, que trataron de tomarla por asalto para apoderarse de las riquezas de sus habitantes, quienes con gran valor y heroísmo los resistieron y rechazaron.

Las maquetas son obra de Carlos Bermúdez Marín, (MARDEZ), quien con mucha paciencia y habilidad y tras un estudio histórico para efectuar su trabajo de la manera más veraz posible, las elaboró, representando en ellas el fortín de la Planchada, sitio que aún se conserva a la entrada del barrio Las Peñas y es parte del patrimonio histórico de Guayaquil; la trinchera de Villamar, así como parte de la ciudad con un primitivo malecón junto al río Guayas.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A la entrada del museo, Carlos Bermúdez posa junto a una de sus creaciones.   Armas de la época.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Pero no todo está explicado a través de las maquetas, sino que Bermúdez, además de dictar unas charlas explicativas a los visitantes del museo, se ha preocupado de realizar un video, con el apoyo de la productora de televisión Ecuador Land, de Ana Lema Araya, en el cual se da la información respectiva sobre los ataques de los holandeses en 1624. El video puede ser observado en youtube a través del siguiente link: http://www.youtube.com/watch?v=rdWT6wjoakU&feature=related.

Según lo investigado por Bermúdez,  el 6 de junio se realizó un primer ataque por parte de  cuatrocientos corsarios que intentaron tomar la ciudad sin éxito, posteriormente, el 24 de agosto regresaron ochocientos con once navíos de gran porte, para intentar una nueva acometida.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
La trinchera de Villamar.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Es así que, dejando a doscientos en la isla Puná para que resguardaran la entrada, los seiscientos restantes se dirigieron hacia Guayaquil al amanecer del 26 de agosto, empezando el asalto aproximadamente a las siete de la mañana, pero no pudieron rendirla, debiendo retirarse derrotados, quedando en registros un saldo de 200 muertos y muchos heridos entre guayaquileños y corsarios en estos dos ataques

En la exposición, Bermúdez indica el lugar por donde desembarcaron los holandeses, la defensa en las diversas barricadas, las acciones bélicas llevadas a cabo, lo destacado de las mujeres en la defensa en el segundo ataque, la actuación de la columna de flecheros y lanceros nativos dirigidos por dos caciques; expone también los nombres de diversos capitanes hispanos guayaquileños, los negros y su importancia en los últimos momentos cuando junto con el Capitán Toribio de Castro y Guzmán y su hermano José de Castro y Guzmán se parapetan en el fortín denominado de La Planchada, con pocos soldados y civiles defendiendo este baluarte, siendo la única posición que se mantuvo cuando las demás ya habían sido vencidas y que a la larga no pudo ser tomada por los filibusteros. También narra que además hubo una férrea defensa en el corredor de lo que hoy es la calle Numa Pompilio Llona.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Primer plano de una sección de la trinchera de Villamar.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Toda esta narración y más argumentos históricos expuestos por Bermúdez, nos hacen conocer las vicisitudes que debieron soportar los guayaquileños, prácticamente huérfanos del apoyo de las fuerzas militares españolas, debiendo valerse por si mismos para no sucumbir ante la ambición pirata.

Entrevistado Bermúdez sobre las fuentes de su narración, indicó que toda la información está basada en documentos, tanto de las actas del cabildo como de historiadores, documentos de Cartagena, archivos de Sevilla, biblioteca de la marina de Francia, etc.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Los guayaquileños debieron luchar contra los piratas y contra el fuego.   El galeón Nuestra Señora de Loreto.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

También se exhibe una réplica del galeón Nuestra Señora de Loreto, fabricado en Guayaquil, ciudad en cuyos astilleros se construían naves de diferentes tamaños para la armada española. Esta nave participó en la defensa del puerto de El Callao, en Perú, que era atacado por parte de tropas holandesas, y con el tiempo llegó a ser Capitana de Flota de La Mar del Sur.

Asimismo, los visitantes pueden observar un diorama de una de las trincheras casi olvidadas de los registros de la historia, la trinchera de Villamar, ubicada en lo que hoy es la esquina de la Politécnica, calle Loja y Malecón.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Un soldado en miniatura con todos los detalles de su indumentaria y armamento.   Durante el recorrido por la exposición recibimos explicaciones del autor.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La gran ilusión de Carlos es poder publicar un libro en el que se recoja toda la investigación realizada para que esta llegue a manos del público, el esfuerzo ha sido grande y es de esperar que instituciones como la Biblioteca Municipal, a cuyo frente se encuentra el arquitecto Melvin Hoyos o el Ministerio de Patrimonio y Cultura, que dirige la Dra. María Fernanda Espinosa, le den todo el apoyo necesario.

La exposición contempla varias maquetas y dioramas, réplicas de trajes y armas, arcabuces, granadas de la época, un cañón pedrero, cuyo nombre se debía a que para disparar se utilizaban balas de piedras o esquirlas, ya que el hierro era difícil de conseguir y además muy costoso.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Diorema del fortín de la Planchada.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Información de contacto
 
 
 
 
Dirección y redacción de textos: Lcdo. Julio Calero G. - RR.PP.: Felipa Quinteros M.
Edición gráfica y videos: Mario Calero Q. - Diseño Web: Luis Calero Q.
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