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Edición Nº 10 - Octubre 2012
 
 
 
Internacional
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En Lago Meliquina está naciendo un pueblo turístico
 
 
 
 
Ricardo Caletti, Presidente VISION Neuquén
Annemarie Balde L.
www.ablturismo.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Villa Meliquina: 80 familias en medio de la paz.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

A 40 kilómetros al sur de San Martín de los Andes, en la provincia del Neuquén, dentro del Parque Nacional Lanín, en la Patagonia Argentina, está ocurriendo un fenómeno extraordinario… Se puede ser testigo del nacimiento de un pueblo turístico.

En medio de los bosques de cóihues, ñires, lengas en las cotas más altas y cipreses de la cordillera, en el reparo de un valle singular rodeado de montañas y en la cabecera sur de uno de los lagos más bellos de la región, hace más de una década se produjo el loteo de un sector de una estancia. Y comenzaron a llegar algunas familias. Fueron los pioneros que levantaron sus casas lejos del mundanal ruido, dispuestos a construir una existencia con alta calidad de vida en cuanto al contacto con la naturaleza y lo esencial de las necesidades. Este puñado de visionarios se fue incrementando lentamente. Y hoy, unas 80 familias están radicadas en ese sitio de extremada paz y belleza, dispuestas a seguir dándole vida a un pequeño pueblo turístico. Casi una aldea: Villa Meliquina.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cómo llegar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Para llegar a Villa Meliquina desde San Martín de los Andes hay que bordear el lago Lácar por la Ruta Nacional 234, llamada de los Siete Lagos, que está asfaltada en ese tramo, y recorrer 24 kilómetros hasta el río Hermoso. En este punto hay que doblar a la izquierda por la ruta provincial 63, que desciende junto al río, hasta alcanzar el Lago Meliquina. El camino entra en el bosque y zigzaguea junto a la ribera del lago, que se llama de ese modo porque tiene cuatro penínsulas. Meli en lengua Mapuche significa “cuatro” y quina “puntas”. Por este camino provincial que es de ripio y que se conserva en muy buen estado, hay que recorrer 16 kilómetros para llegar a la cabecera sur del espejo de agua. Allí se cruza el puente sobre la naciente del río Meliquina que se origina en el lago, y ya se tiene una visión del pequeño conjunto de casas, hosterías, cabañas, restaurantes, algún almacén, locales de artesanías, y todo lo que la vida indica que hay que propulsar en ese paraje.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Lo esencial se hace visible a los ojos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Los visitantes que llegan a esta pequeña Villa Meliquina, toman conciencia que es un pueblo en gestación que convive entrañablemente con la naturaleza en esplendor. Y eso, por el momento marca ciertas restricciones. Llaman la atención los molinos pequeños girando en lo alto de sus soportes. Claro, no hay tendido eléctrico y las viviendas, hosterías y comercios se abastecen de energía eólica y además cuentan con grupos electrógenos. Tampoco hay redes de gas ni de agua. El agua se bombea desde el río Meliquina, o se utiliza el agua subterránea y es tan increíblemente pura que casi carece de sales.

Es entonces que lo esencial para quienes provienen de ambientes urbanos se trastoca. Y se comienza a advertir que la vida puede resolverse con elementos simples que están al alcance de la mano y del ingenio, y que provee la naturaleza.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una ubicación privilegiada
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Villa Meliquina nació con una definida vocación de pueblo turístico. Los pobladores lograron tener una escuela para sus hijos, organizaron un cuartel de bomberos y de combate contra incendios forestales, se organizaron para que el perfil de comunidad que soñaron pueda concretarse.

Y es que la ubicación de esta villa es excepcional desde el punto de vista de las actividades que propone el turismo. No sólo se ubica a 40 kilómetros de San Martín de los Andes, el principal destino turístico de la provincia del Neuquén, y a 120 kilómetros de Bariloche, sino que sólo la separan 15 kilómetros del centro de deportes invernales Chapelco, uno de las estaciones de esquí y snowboard más importantes de América Latina. Pero en Villa Meliquina las actividades que se pueden concretar son las más diversas. La pesca deportiva, desde noviembre a mayo, el ciclismo de montaña, trekking, montañismo, rafting, kayak, observación y reconocimiento de aves, el disfrute de la brama de los ciervos colorados desde marzo a mediados de mayo. Y el placer de la contemplación, que resulta central en el escenario en el que está enclavado este incipiente asentamiento humano.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Meliquina es el límite más austral del maíz
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El hallazgo reciente en el área de Meliquina de vestigios preincaicos de maíz, abre un horizonte formidable para el atractivo del lugar y para poder interpretar los desplazamientos de los grupos humanos de pueblos originarios en el último milenio en el sur americano.

No sólo se trata del registro de la presencia del cereal más austral del continente, sino que ha sido logrado a través del raspado de recipientes cerámicos que fueron datados entre 730 y 920 años antes del presente, tomando como tal el año 1950. Por lo tanto, además se trata de la presencia más antigua del maíz hasta el momento en la Patagonia.

Los resultados de estas investigaciones han sido publicados en la revista científica Magallania de Chile por el investigador de la UBA - Universidad Andrés Bello- Alberto Pérez junto con Georgina Erra, investigadora del CONICYT, Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
¿Cómo llegó el maíz?
 
 
 
 
 
 
 
 
 

¿Cómo ha llegado el maíz a este territorio tan austral, transición del bosque andino patagónico con la estepa?

Aparentemente, en los tiempos que coinciden con la antigüedad del hallazgo, se habría producido una etapa de disminución de la humedad del ambiente en general, que habría sido decisiva en la movilidad de grupos humanos, lo que habría producido la circulación de bienes y productos a larga distancia.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El misterio del maíz.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una cosa es la movilidad de los pueblos originarios a lo largo de América, que ha logrado el transporte del maíz hasta el lago Meliquina, y otra la movilidad del maíz.

Y aquí aparece otro misterio.

Este cereal es exclusivamente americano, de modo que en el resto del mundo sólo podría haberse producido y cosechado tras la llegada de los europeos a América, y eso fue en 1492 con Cristobal Colón, según la historia oficial.

Pues bien, diez años antes de esa fecha, en tierras españolas, se produjo la llamada Guerra de Granada, último encuentro con los moros. Y en estas circunstancias, las crónicas y relatos detallados de Alonso de Palencia, indican que los nobles allá por 1482, avizorando la contienda, comenzaron a acumular en sus propiedades alimentos como para hacer frente a los tiempos por venir. En su obra “Anales de la Guerra de Granada”, Alonso de Palencia detalla que fundamentalmente los granos acopiados eran trigo, mijo y maíz.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
¿El cereal en Granada, España?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
¿Acaso se cosechaba maíz en Granada, España, antes de 1482, o sea diez años antes del descubrimiento americano?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Misterio
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En Meliquina, para esas fechas, el maíz formaba parte de la alimentación del pueblo originario.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Magia, belleza y misterio
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Muy cerca de Villa Meliquina se unen dos ríos, el Meliquina y el Filo Hua Hum, que dan origen a uno de los ríos más formidables de la cordillera: el Caleufu. Paraíso del rafting y de la pesca con mosca haciendo flotadas con botes neumáticos, el río se desliza en medio de rápidos hacia el Collón Cura.

Y sobre la ruta provincial 63, se abre otro increíble espectáculo: el de las formaciones extraordinarias en las rocas, erosionadas por el viento y las edades, que crean figuras impensadas o estructuras que parecieran salidas del genio creador de un arquitecto como Gaudí.

Toda la zona de influencia de Villa Meliquina está impregnada de una belleza singular, magia y misterio, que transforman al viajero.

De Villa Meliquina, se vuelve distinto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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