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Edición Nº 08 - Agosto 2012
 
 
 
Medio Ambiente
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Paisaje petrolero y resistencia comunitaria
 
 
 
 
(Monitoreo Pompeya - Ytaya - Providencia)
Fuente: www.amazoniaporlavida.org
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Navegando por la Ribera del Río Napo no es posible ver la contundencia de la actividad petrolera, solo se distinguen contados mecheros que flamean a lo lejos. Entonces, la opción son las carreteras abiertas por las compañías petroleras para acceder a las poblaciones y observar las consecuencias y avances de la actividad hidrocarburífera.

Entrando por el Cantón Shushufindi hacia la Comunidad de Pompeya, para luego embarcarnos a Itaya, se observan las tuberías, campamentos, estaciones petroleras en gran cantidad, así como, poblaciones mestizas que se ubican entre esta infraestructura y que se dedican al cultivo de cacao en forma de monocultivos que han sido fomentados desde proyectos productivos y que según los pobladores no es económicamente rentable ya que la semilla no es de buena calidad, se necesita gran cantidad de agrotóxicos para la producción del monocultivo de cacao y la posibilidad de comercialización es limitada, siendo aún más compleja la posibilidad de exportación. Además, de entrada se evidencian los altos índices de contaminación de las fuentes de agua. Los tanqueros de agua limpia que recorren las poblaciones entregando este vital recurso son casi su única alternativa.

Llegando a la Comunidad de Pompeya, los pobladores nos cuentan sobre la ancestralidad de sus territorios, donde "los Naporunas se juntaron con los Omaguas" (ya desaparecidos y desvanecidos por la presencia Naporuna), y "donde se respetaban los territorios y límites con los grupos Waorani y Cofán cercanos".

Desde hace cientos de años atrás, el río fue la fuente primordial de las relaciones sociales, económicas y culturales de los Naporunas quienes sociabilizaban con las diversas culturas y poblaciones del bajo Napo, para intercambiar productos tan importantes como la sal. El río y sus alrededores -nos cuentan- siempre han sido los lugares preferidos para la vida de los Naporuna por esta posibilidad de acceder a agua dulce, pesca y comunicación fluvial.

Pero, al llegar la actividad petrolera a fines de la década de los 60´s ya se observaban los primeros accidentes relacionados con la velocidad de los botes petroleros que se desplazaban sin consideración por el río ocasionando el volcamiento y ahogo de los niños que transitaban en sus killas (canoas pequeñas).

Los derrames se hicieron presentes en todo momento: las aguas bajaban negras, llenas de crudo o solamente se lo enterraba, ocasionando la contaminación del suelo. "Los ríos siempre han estado contaminados desde ahí", nos comentan.

Las comunidades, contratadas por las petroleras, eran las que tenían que trabajar para limpiar los derrames. La situación del agua se volvió realmente crítica ya que por esta zona no hay esteros pequeños y "solo dependemos de los ríos grandes y estos están contaminados por la actividad petrolera" dicen los pobladores.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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En época del sismo del 87 "sufrimos bastante", nos dice don Antonio, "el agua se contaminó mucho y los animales murieron", lo que nos da cuenta de que los riesgos sísmicos serían seriamente nocivos con la cantidad de infraestructura petrolera en la zona.

"Ahora se toma el agua de pozos que no son tan seguros porque el agua es amarillenta, o de agua de lluvia, no hay más", nos comentan, solución creativa de las comunidades que localizan en sus viviendas grandes tanques y trozos de placas de zinc para recolectar el agua de la lluvia. Si esas dos fuentes no son posibles la población accede al agua del Río Napo que también está contaminada. Aún no hay tanqueros de agua limpia recorriendo esta zona.

Las vías ocasionaron otro problema que es la cacería indiscriminada de animales de monte para la comercialización de carne de monte, ampliamente conocido por las autoridades, pero que no ha sido considerado como afectación para la cultura Naporuna.

"Ahora nos prohíben cazar siendo que milenariamente nosotros hemos usado la cacería para la subsistencia así como para nuestras diferentes ceremonias rituales como bodas, bautizos, pedidas de mano, como nos enseñaron nuestros abuelos. Se está afectando a nuestra cultura y posibilidad de comer carne saludable. Entregar carne de monte en estas fiestas significaba fortaleza, habilidad y responsabilidad de los Naporunas. Ahora nos toca comprar la carne de monte sobre todo a los Huaoranis que tienen bastante selva sin contaminar, pero ellos venden demasiado a compradores que se llevan demasiado a otras provincias ocasionando que cada vez haya menos animales, " nos cuenta un hombre mayor de la comunidad.

Otro efecto de las vías fue la llegada de la cerveza y con ello el alcoholismo. La gente sale al pueblo a comprar más cerveza que comida. Hay un alto índice de alcoholismo, maltrato y robo por culpa del consumo excesivo de cerveza. Los niños son los que más sufren.

Respecto a la Defensa del Yasuní, nos cuentan: "nosotros en nuestras comunidades respaldamos la gestión de defensa del Yasuní en nuestra Federación y confiamos en que esta sabrá defender nuestras tierras que son también el Yasuní. No queremos que exploten el Yasuní por la contaminación, por la tierra, por el agua que necesitan las comunidades. Los campos y pozos petroleros perjudican a las comunidades."

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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